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15 jun. 2010

Magia y artesanía: los alquimistas del oro comestible

Pura artesanía. El batido del oro y plata comestible sigue una larga tradición arraigada en países tan lejanos como México o India, donde hábiles y detallistas artesanos mantienen talleres en los que se producen finas láminas de este ingrediente especial. Pequeños alquimistas que trabajan el oro y plata batiéndolo con un martillo hasta conseguir un ínfimo espesor. El resultado, estas finísimas hojas o láminas llamadas varak en India con las que posteriormente decoran dulces tan típicos como el barfi.


En el país centroamericano, según recoge un documento de la Universidad Autónoma de México editado en 1946, los indios utilizaban una 'batihoja' o batidor de oro para elaborar oro en láminas. Su habilidad era extraordinaria puesto que, tal y como recogen las crónicas, trabajaban el oro con detalle en apenas un año gracias a su extraordinaria capacidad de concentración y trabajo: aprendían sólo con observar el trabajo manual de los maestros. Sirva de ejemplo que a un aprendiz, al menos le llevaba la friolera de ocho años conseguir un 'batido' de oro de calidad.


Es con esta técnica, el 'batido' del oro y la plata con la que en nuestros días, con técnicas mucho más industrializadas y perfeccionadas se elabora el producto de orogourmet. Su espesor aproximado es de 0,000125 mm y un quilataje mínimo de 917/1000 para el oro. Pero, sigamos viajando para conocer los orígenes del oro y la plata comestible...


En India, según los datos que hemos encontrado, anualmente se producen hasta 13 toneladas de plata comestible en talleres artesanales. Es una tradición que corre riesgo de perderse tras miles de años de trabajo por lo delicado y duro del trabajo y por la introducción de técnicas de producción masiva. Pero, ¿por qué oro y plata para alimentación? Según creencia de los maestros de India, el 'varak' o lámina de oro o plata comestible tiene propiedades medicinales, especialmente al mejorar y facilitar la digestión de las comidas. Como cuentan los que han tenido la suerte de entrar en estos talleres, la magia no sólo está en probar estos ingredientes, sino en ver y escuchar el hipnotizante repique constante del martillo sobre el oro. Toda una inspiración para los sentidos. Pura magia.


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