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31 jul. 2010

La alfombra roja, Frank Sinatra y el oro comestible

El relax de las tardes de verano marca la cadencia de reflexiones que quizá en invierno se congelen con nuestras neuronas o con el ritmo frenético del trabajo de los momentos más duros. Hace unos días, en el equipo de orogourmet nos planteamos una análisis, nada científico por cierto, en el que valorábamos las nuevas posibilidades que ofrece el marketing para vender producto. Pronto, alguien comentó un documental sobre las ‘alfombras rojas’ de Los Ángeles y Cannes, que en la actualidad está emitiendo Canal +.

Los vídeos muestran el negocio que subyace de la imagen de actores y actrices. Marcas de moda y joyería contratan a famosos por horas para ‘colgar’ sus vestidos y collares. Se habla de cheques de seis cifras por lucir un collar durante la presentación de una película o en una gala benéfica. Como se puede ver, es una manera de hacer ‘product placement’. Sin embargo, el debate es el siguiente: ¿estamos ante personas que son marcas o ante actrices?

Veamos un ejemplo: Monica Bellucci reconoce que para su imagen (y su bolsillo), es más rentable hacer dos anuncios que cinco películas. Algo similar le ocurre a Scarlett Johansson o a Nicole Kidman. Por otro lado, desde el punto de vista de la marca, la acción, por cara que sea, es rentable. Un relaciones públicas de una marca de moda hacía la siguiente reflexión: “Probablemente una fan de una actriz no tenga capacidad para comprarse el vestido de marca que luce la noche de los ‘oscar’, pero cuando compre un perfume o un accesorio querrá que éste sea de la marca que su admirada actriz luce en el momento más importante del año”. La pregunta siguiente es ‘¿cómo sabemos qué marca lleva el actor o la actriz de turno?’. Muy fácil. Canales de televisión, bloggers y revistas especializadas preguntan a los famosos de quién son los vestidos que llevan y éstos responden. Vamos, mucha más rentabilidad que un anuncio: millones de audiencia y millones de fans que quieren identificarse con sus estrellas. Pero, vayamos todavía más allá: ¿os imagináis que después de los cócteles los famosos comentaran lo que han comido y qué les ha parecido? No lo vemos descabellado.

La conversación nos llevó a recordar a Frank Sinatra, un caso paradigmático de famoso-marca. Rebuscando en internet, se encuentra una frase lapidaria del crooner que refleja lo que hoy en día ocurre con actrices y actores. En su día, Sinatra comentó lo siguiente: “Yo no vendo música, yo vendo estilo”. La frase no puede ser más actual. Quizá el viejo Frank estaría muy satisfecho de acudir a uno de estos eventos y decir que allí, además de su traje, lo mejor eran los cócteles con oro comestible.

En homenaje a ‘La Voz’, os dejamos con ‘That’s life’:

1 comentario:

Angélica dijo...

Muy buen tema de reflexión, para quienes gustan y disfrutan de lo que subyace a lo obvio.

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